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El pintor e
ilustrador vilalbés Eduardo
Baamonde ultima la decoración
de un mural, que se instala
junto a un jardín creado por
alumnos de educación infantil |
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El arte puede se fruto de la
inspiración pero también de la
transpiración. Subido a un andamio, a
unos tres o cuatro metros de altura, el
pintor e ilustrador vilalbés Eduardo
Baamonde suda bajo el sol de una mañana
de agosto, mientras va dejando huella de
su esfuerzo y haciendo realidad lo que
decía Picasso sobre la inspiración:
que el artista debe esperar trabajando
su llegada.
El trabajo en el que estos días se
afana Baamonde es la conclusión de un
mural de unos 90 metros cuadrados
(dieciocho de largo y cinco de alto)
situado al aire libre. El lugar en donde
trabaja es un muro de un jardín
colindante con el centro de salud, el
mismo en el que alumnos de la Escola de
Educación Infantil llevan años
trabajando en proyectos de creación y
conservación de zonas verdes incluidos
en Voz Natura, iniciativa de cuidado
ambiental que promueve la Fundación
Santiago Rey Fernández-Latorre entre
centros escolares de Galicia.
Al otro lado del muro está el centro de
salud; es decir, de un lado, la salud
del cuerpo, y del otro, la salud del
espíritu. Baamonde comenta que su
trabajo, realizado con pinturas
acrílicas, persigue satisfacer a
ilusión dos rapaces.
Ranas y gnomos, cabozos y cajas cúbicas
semejantes a las que contienen un regalo
son algunos de los elementos pintados. A
los niños les corresponde animar el
decorado con su imaginación: Aquí hai
unha historia, pero os nenos teñen que
inventala, dice. Los colores fuertes y
claros saltan a la vista, aunque
Baamonde comenta que ya se encargará el
paso del tiempo de que vayan
palideciendo.
Tras llegar de un certamen de la ciudad
francesa de Bagnols, en donde presentó
unas 20 acuarelas en diferentes
formatos, Baamonde, que inició esta
tarea hace más o menos un mes, llega a
afirmar que este mural incluso puede
suponer una reflexión sobre a beleza
inútil de las cosas: Hai cousas que nos
atraen, e logo descubrimos que están
baleiras, dice.
¿Puede pensarse, pues, que la
inutilidad sea una característica de la
belleza? Menudo tema, responde Baamonde
riendo. Sí insiste en que le gusta
reflexionar sobre el valor que a veces
tienen las cosas solo por su envoltorio,
lo que nos lleva a comprobar que en el
fondo non son tan belas como pode
parecer. En el mural se ve un predominio
de formas redondeadas y orgánicas, con
las que se persigue la transmisión de
sensacións agradables, sen agresións. |
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