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Dirección:
Chris Nahon.
Países: Francia / USA.
Año: 2001.
Duración: 98 min.
Interpretación: Jet Li (Liu
Jian), Bridget Fonda (Jessica),
Tchéky Karyo (inspector Richard),
Laurence Ashley (Aja), Burt Kwouk
(tío Tai), John Forgeham (Max),
Max Ryan (Lupo).
Guión: Luc Besson y Robert Mark
Kamen; basado en una historia de
Jet Li.
Producción: Luc Besson, Jet Li,
Steve Chasman y Happy Walters.
Música: Craig Armstrong.
Fotografía: Thierry Arbogast.
Montaje: Marco Cavé.
Diseño de producción: Jacques
Bufnoir.
Vestuario: Pierre Bechir y Annie
Thiellement.
Jet Li (Liu Jiuan, en la
trama), el maestro en artes
marciales regresa a las andadas en
El Beso del Dragón, cinta donde
definitivamente luce su expertiz
en Wu-shu (arte marcial derivado
del Kung Fu), que le valiera
múltiples campeonatos nacionales
en su natal Beijing y que ahora
explota dentro de su carrera
artística. Lo acompaña Bridget
Fonda, en el rol de una prostituta
que se vuelve su única ayuda (¿
y quién necesitaría más ?)
Liu Jan, además de combatir
academias enteras de Kung-fu por
tierra, agua y elevadores, posee
un súper brazalete con agujas,
herencia de la acupuntura
oriental, que lo salvará de sus
arriesgadas acrobacias, en las que
los productores decidieron evitar
el uso de cables y efectos por
computadora, así que toda la
acción se desarrolla "en el
piso", lo que resulta
realmente espectacular.
Después de la lírica visual que
nos regalara en Joan of Arc, Luc
Besson ofrece un guión que
escribiera y produjera con el
mismo Jet Li, ansioso de
reaparecer tras el éxito Romeo
must die. Sin más, la hora y
media que dura la cinta, es una
"poesía en movimiento",
como calificara Fonda.
En la cinta no hace falta una
Milla Jovovich enfundada en cotas
de malla gritando como despavorida
frente a la cámara.
Es Jet Li quien la llena; serio,
como en cualquier otra película
de orientales valerosos (salvo
aquellos no se despeinaban ni por
error), y aún dentro de la
solemnidad de las peleas, hay
algunos instantes de humor: toca
descubrir al espectador
exactamente dónde.
Sus movimientos precisos, golpes
atinados y combates sin sudor que
salpiquen al espectador, bastan
para recrear la pupila de quien
paga el boleto. Muestra de un
superhombre que necesita cero
armas para hacer valer la
justicia, así es El Beso del
Dragón.
Tampoco hay un vestuario
rimbombante ni maquillajes
sofisticados. Mucho menos naves
voladoras y marcianos que hagan
ópera. Toda la cinta es Jet Li.
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