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La música es
gratis.
Enrique Dans responde a las
declaraciones del cantante Alex
Ubago, que se muestra partidario
de regular la música por
internet, pues "su consumo
desaforado y gratuito hace que
se devalúe la creación
musical. |
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Enrique
Dans responde a las declaraciones del
cantante Alex Ubago, que se muestra
partidario de regular la música por
internet, pues "su consumo
desaforado y gratuito hace que se
devalúe la creación musical".
Me encuentro, en mi lectura diaria de
noticias, con unas declaraciones de un
joven cantante que afirma de manera
categórica que "la música en
Internet no puede ser gratis".
Instintivamente, busco algún smiley,
algún guiño en la expresión que
matice con un toque de humor las
palabras del joven, pero no soy capaz de
encontrarlo. Es como... lo sé, no puede
ser, pero... realmente... ¡parece como
si hablase en serio! Ay, chiquitín,
chiquitín, ¿pero de verdad no te has
dado cuenta todavía? Tu música, la
música en general, ¡ya es gratis! Lo
es desde hace mucho tiempo, y nada, ni
la "regulación" que pides,
puede evitar que así sea.
Te lo demostraré. Veamos, imagínate,
por un momento, que en lugar de haberte
visto desarrollando la actividad de
hacer declaraciones y midiendo tan poco
tus palabras, te hubiese visto en otro
de tus quehaceres, uno que –según
dicen– haces bastante mejor: el de
cantar. Si en ese momento, por lo que
fuese, me hubiese encaprichado de una de
tus canciones, ¿qué precio habría
tenido que pagar para obtenerla? ¿A
dónde crees que me habría dirigido
para hacerme con ella? Pues simplemente,
a la red.
Mis posibilidades de encontrar esa
canción en la red, y de poder
descargármela sin pagar nada por ella
son enormes, ilimitadas. En la red puedo
dirigirme a cientos de plataformas P2P,
puedo enviarle un e-mail a un amigo,
puedo explorar el disco duro de otros
usuarios y puedo llevar a cabo infinidad
de métodos que concluirán
invariablemente con un resultado: tu
canción grabada en mi disco duro para
mi uso y disfrute, sin haber pagado nada
a cambio. Créeme, puedo hacerlo. Tantas
veces como me dé la gana. Mediante un
inmenso y creciente abanico de
tecnologías, cada día más eficientes,
cada día más sencillas. Y te pongas
como te pongas, no puedes impedirlo. De
ninguna manera.
Si el hecho de que tu música sea gratis
es algo que, de alguna manera, hace que
te sientas molesto, lamento comunicarte
que yo sólo soy el portador de la
noticia. El hecho está ahí, no lo he
inventado yo. Es, simplemente, una
realidad. Tan palpable como los millones
de usuarios que, cada año con mayor
pujanza que el anterior y a pesar de los
estériles esfuerzos de las
discográficas, se dedican a bajarse
música de la red. Millones y millones
de canciones, totalmente gratis. Sí,
también se venden canciones en
plataformas de pago, y ello prueba que
hay mercados para todo tipo de clientes:
los que prefieren pagar una cantidad por
obtener música, y los que piensan que
la comodidad obtenida no compensa ese
pago y prefieren conseguir la música
por su cuenta. El que, como tú dices,
"probablemente bajen cosas que ni
escuchen" es un problema
exclusivamente suyo, no tuyo. Así es la
vida.
Esa regulación que tan alegremente
invocas, ese "que la ley regule un
poco Internet", perdóname que te
diga que es algo imposible e
incompatible con un régimen de
libertades propio de un país
civilizado. La ley puede decir lo que
quiera, pero mientras no estés
dispuesto a cosas tan impensables como
no garantizar el secreto de las
comunicaciones o la inviolabilidad de
los domicilios, todo lo que diga esa ley
que tan inconscientemente pides será
algo completamente imposible de
ejecutar. Eso sí, si no te gusta ese
panorama, siempre podrías emigrar a un
país que no respete las libertades
fundamentales, que tristemente todavía
los hay. Aunque francamente, dudo que
sea eso lo que pretendes.
Antes de que montes en cólera, déjame
ponerte algunas cosas claras: estoy
firmemente convencido de que crear tus
canciones es algo que precisa de un
importante esfuerzo. Un esfuerzo que
comienza con la creación de la
canción, su música, su letra, sus
acordes y melodías, sus
acompañamientos; que prosigue con sus
arreglos y trabajo de estudio, su
grabación una y otra vez hasta obtener
el resultado deseado; de verdad, creo
firmemente que supone un gran esfuerzo
de muchos profesionales obtener ese
producto llamado "canción", y
ese trabajo me merece un gran respeto.
Creo además que la canción creada te
pertenece y que, una vez que la has
creado, pasa a formar parte de tu
inalienable patrimonio. Eres su
propietario. No creo en la abolición de
la propiedad, ni ninguna idea
revolucionaria por el estilo, no
ridiculizo el trabajo de otros o
pretendo aprovecharme en modo alguno de
él. No soy lo que la economía clásica
llama un free‑rider, un agente
económico improductivo que consume más
de un recurso de lo que debería en
justicia consumir.
Es más, si me bajase gratis tu
canción, esa que inalienablemente te
pertenece, estaría haciéndote un
favor. El favor de dedicarte mi
atención, un bien escaso por el que
muchos compiten como locos. Es más: me
ha dicho un pajarito que lo que tú
pretendías cuando, con tu duro trabajo,
creaste dicha canción, aparte de tu
interés por expresarte artísticamente,
era que la escuchase cuanta más gente
mejor. Y fíjate tú por donde, llega
Internet y te concede precisamente ese
deseo: un lugar en el que poder exponer
tu música a un mercado enorme de gente,
para que la escuchen y la disfruten.
Como cuando antes te ibas a la tele a
cantar para que te escuchase gratis
cualquiera que tuviese un aparato de
televisión. Pero ahora, mejor.
En lo sucesivo, medita tus palabras
antes de que salgan por esa boquita
cantarina. Los hechos son que la música
es gratis para todo aquel que la quiera
disfrutar. No lo es, y con ello te
avanzo un tema muy interesante, para
quienes quieran lucrarse con ella. El
hecho de lucrarse con ella desencadena
una transacción económica, y dicha
transacción puede ser trazada,
identificada y debería, si todo va
bien, dejarte sustanciosas plusvalías
que te compensasen por tu esfuerzo
creativo. En eso es en lo que te tienes
que centrar, y no en perseguir –o,
como tú dices, "regular"– a
aquellos que escuchen tu música gratis
a través de Internet. Tú dedícate a
crear y a cantar, que dicen que es lo
que sabes hacer, y que otros te ayuden a
crear negocio con ello, apoyándote en
Internet, la plataforma más valiosa e
impresionante jamás creada. Te
garantizo –palabra de profesor– que
puede hacerse, sobre todo si no te
anclas en los modelos del pasado, esos
que tu compañía discográfica no sabe
ni quiere abandonar. Pero que no te
engañen más: tu música, la música en
general, para millones de personas en
todo el mundo, para cualquiera que se la
quiera bajar y tenga los recursos para
ello, ya es gratis.
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